Cita del día



CITA DEL DÍA: “Trabajo pesado es por lo general la acumulación de tareas livianas que no se hicieron a tiempo” (Henry Cooke).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: Verbos, adjetivos, hombres y niños


miércoles, 30 de noviembre de 2016

La puta lluvia






Que sí. Que lo entiendo. Que el agua es necesaria para la vida. Que tiene que llover. Pero si lloviera solo por la noche el efecto sería el mismo. Si el tributo que hay que pagar para tener un paisaje muy verde es estar chipiado todo el día, le perdono la vida al verdor. Como si el paisaje de Los Monegros no tuviera también su encanto. Estoy de acuerdo en que el cierzo de mi tierra es desagradable, pero no moja. A lo mejor es que cada uno se consuela con lo que tiene.

He llegado a la conclusión de que quienes dicen que les gusta la lluvia son malas personas. Lo que realmente les gusta es ver llover a través de los cristales de alegres ventanales. Y si puede ser al calor de una chimenea, mejor. Eso no es que te guste la lluvia, sino que disfrutas viendo al prójimo mojarse en la puta calle mientras tú estás a buen recaudo. Que te guste llover es que disfrutes cuando estás esperando en un cruce y el coche de turno te traslada al traje el charco que acaba de pisar. O que te encante pisar una baldosa suelta y que el agua que hay debajo te moje el calcetín para el resto del día.

Tan impertinente es la lluvia, que pone en evidencia el egoísmo de la gente. ¿No os habéis fijado lo pegadas que van a las fachadas de los edificios las personas con paraguas, para protegerlo de la que está cayendo, mientras las que no llevan se tienen que quedar mojándose por la parte de afuera?

Toda para vosotros. Os la regalo. Ya sé que soy muy bruto.


sábado, 26 de noviembre de 2016

La carrera de relevos






En la convocatoria para la olimpiada de atletismo de la comarca, cada localidad podía inscribirse en aquellas pruebas para las que se considerara con un cierto nivel para competir. Los mozos de mi pueblo —además de brutos— eran muy rápidos corriendo, por lo que se apuntaron a través del ayuntamiento en todas las carreras de velocidad. A nadie sorprendió que, cuando se publicaron en el periódico comarcal los registros que se iban logrando en los entrenamientos previos, en casi todos estuvieran entre los mejores. Solo desmerecían en la carrera de relevos, hasta el punto que faltó muy poco para que les negaran la autorización para participar. Cuando ganaron la medalla de oro en la citada contienda, un periodista de la televisión regional les preguntó cómo habían conseguido mejorar su marca de una forma tan espectacular. Tuvieron que responderle que hasta ese día nadie les había dicho que el testigo era una barra de 30 centímetros y 50 gramos, en vez de un señor del público como habían creído y utilizado ellos en los ensayos.


martes, 22 de noviembre de 2016

El fenómeno del fútbol






Hallábanse unos sesudos sociólogos del siglo XXIII analizando el fenómeno del fútbol en nuestra época. Les llamaba la atención el hecho de que en los minutos inmediatamente posteriores a las ocho y media de la tarde se metieran más goles que en cualquier otro momento. Pasando la abundante información que poseían sobre nosotros por el tamiz de su adelantada tecnología, no les costó demasiado trabajo llegar a una irrebatible conclusión. El motivo no era otro que a esa hora las porterías se quedaban desguarnecidas, porque los porteros tenían que ir a recoger la basura.


viernes, 18 de noviembre de 2016

La raíz del problema






Sin un motivo aparente, en aquella primavera los vegetales se comportaron de una forma totalmente otoñal. Los árboles perdieron sus hojas, las flores se mustiaron y los verdes amarillearon. Los más expertos agricultores y hortelanos no salían de su asombro. Los microscopios de los hombres de ciencia consultados tampoco supieron sacar conclusiones del minucioso análisis de las plantas examinadas. Árboles que siempre habían estado sanos se peleaban con la muerte. Sembrados recientemente espléndidos se encaminaban a malograrse antes de la cosecha. Como último recurso acudieron al que en otro tiempo había sido considerado sabio del lugar, que vivía solo en lo alto de la montaña, un poco más mayor, otro poco más demenciado y bastante más abandonado por todos. Lo primero que les llamó la atención fue que los vegetales del jardín del anciano presentaban un aspecto inmejorable, como si no hubiera llegado la enfermedad hasta allí. Intuyendo lo que estaban pensando les dijo que sus plantas habían pasado por lo mismo que las de ellos, pero la diferencia estaba en que él había atajado el problema de raíz. Tratando de dar sentido a sus palabras, arrancó una brizna de la hierba que estaba a sus pies. A continuación les pidió que le acompañaran a buscar otra de las que se encontraban afectadas. Les enseñó que la raíz de la suya era normal, mientras que la otra tenía la raíz cuadrada. Lo único que debían hacer para que volviera a la normalidad era multiplicarla por sí misma.


NOTA DEL AUTOR:
Para el lector que sea absolutamente de letras le explicaré que la raíz cuadrada de 25 es 5. Para que el 5 vuelva a ser 25 hay que multiplicarlo por sí mismo (5x5=25).


martes, 15 de noviembre de 2016

Sonrisas (16)



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viernes, 11 de noviembre de 2016

Una venta por dos libras






Espero que el amable lector no me tache de machista cuando le diga que el protagonista de este cuentecillo, al cumplir su mujer los cincuenta años, consideró que se le había hecho mayor y la vendió por dos libras. Con toda la idea le he puesto la nacionalidad británica para que usted no se sorprenda, pues de todos es sabido que solo los ingleses son capaces de maniobras tan reprobables. Aún le añadiré una moraleja, para que se dé cuenta de que el escrito no es tan desatinado como habrá podido parecerle en un principio. Le dieron gato por liebre, porque las dos libras en cuestión —además de ser capricornios— eran más viejas y más feas que su parienta.


lunes, 7 de noviembre de 2016

La regla del secreter






Tenía bien provistos los cajones del secreter en que escribía de todos los objetos que pudieran hacerle falta. No le importaba que sus hijos los tomaran prestados cuando los necesitaban para realizar sus tareas escolares, siempre y cuando volvieran a dejarlos en su sitio. La niña era menos ordenada y con frecuencia se los olvidaba en cualquier lugar. Su mujer siempre le decía que la tenía demasiado consentida y que debía recriminárselo de la misma forma que lo hubiera hecho con el chico. Cayó en la cuenta de que efectivamente debería haber sido más intransigente con ella el día que perdió la regla. Al cabo de unos meses le hizo abuelo de un precioso niño de ojos azules.


jueves, 3 de noviembre de 2016

Sonrisas (15)












Sonrisas (14)                                         Página principal                                          Sonrisas (16)