Cita del día


CITA DEL DÍA: "Todo necio confunde valor y precio" (Antonio Machado).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: 20 de abril


sábado, 31 de octubre de 2015

20 de abril






Sepa Vuesa Merced que nací un 20 de abril. El 20 de abril de 1953, porque si dijera que había nacido un 20 de abril de 1953 estaría atribuyendo al año en cuestión esa fecha repetida un número indeterminado de veces. Se da la curiosa circunstancia de que en ese día celebro también mi cumpleaños. Y la de que Celtas cortos —intérpretes de la canción 20 de abril— fueron los primeros cigarros de mi adolescencia. Soy el hermano de siete terceros. En mi familia no hubo antepasado alguno, porque todos los antes de la misma estaban afortunadamente en buenísimas condiciones. Siempre he tenido las ideas muy claras. Encaucé acertadamente mis estudios de bachiller hacia las ciencias, lo que me permitió licenciarme posteriormente en Filosofía y Letras. Ese es el motivo por el que casi toda mi vida me he dedicado al tema financiero. Mentiría si dijera que conocí a la que más tarde sería mi mujer, por lo que sigo soltero. Y digo que sigo soltero porque ya vine al mundo con ese estado civil. Como siempre pensé que había que estar casado para ser padre, no he tenido hijos. Es cierto que terminaron diciéndome que no hacía falta, pero para entonces ya me dio pereza planteármelo siquiera. Lo que sí tengo son sobrinos, que es mucho mejor. Si todos nos conformáramos con ser tíos el mundo no estaría tan superpoblado. Ni siquiera poblado. Cuando sea mayor me gustaría ser mayor. Y jubilado.


lunes, 26 de octubre de 2015

Pedro y el lobo (cuento)






Un pastor muy guasón decidió gastar una broma a las gentes del pueblo donde vivía. Cuando había sacado las ovejas a pastar por los alrededores, empezó a gritar que venía el lobo. Cada uno cogió lo que tenía más a mano y todos fueron a ayudarle. Cuando se dieron cuenta de que les había engañado, le dijeron mosqueados que con esas cosas no se jugaba. Tan divertida le resultó la gracia, que al cabo de unos días la repitió. En esta ocasión las personas que volvieron a acudir se enfadaron muchísimo. Una semana más tarde sucedió que se encontró de verdad con el lobo y, cuando pidió ayuda a gritos, nadie le hizo caso pensando que estaba otra vez tratando de reírse de la buena voluntad de los demás. Defendió su ganado diciéndole a la fiera dónde podía encontrar dos presas fáciles. Las que pagaron el pato fueron Caperucita y su abuela, que aparecieron devoradas por no tener quién las protegiera. 

De este cuento no pueden sacarse consecuencias positivas, porque ni los malvados reciben su castigo ni las víctimas terminan siendo amparadas. Quizá la moraleja sea que en esta vida el hijo de puta suele salirse con la suya a base de joder al prójimo. 


jueves, 22 de octubre de 2015

Peter Pan (cuento)






Tan ilusionados estaban los dos pequeños en visitar el país de Nunca Jamás, lugar donde residía el protagonista del cuento que les contaba por las noches su hermana Wendy, que terminaron haciéndose realidad sus sueños. Peter Pan en persona apareció un día en la ventana de su dormitorio, acompañado de su fiel amiga Campanilla. Tras ser espolvoreados con los polvos mágicos de las alas de esta, los tres niños fueron volando con ellos hasta su fantástico destino. Allí tuvieron maravillosas vivencias, solamente enturbiadas por las maldades del capitán Garfio, además de por unos celos compulsivos de Campanilla a Wendy que estuvieron a punto de costarles la vida. Afortunadamente salieron todos ilesos y los chicos pudieron emprender el regreso a casa sin problemas. Mientras tanto, los que no sobrevivieron al rapto fueron sus padres. Tras esperar impacientes durante algunos días la solicitud de un rescate, los dieron por muertos y en la desesperación se colgaron de un árbol. Como las criaturas no tenían otra familia fueron a parar a un orfanato, donde pagaron su irreflexivo comportamiento teniendo que soportar a unas retorcidas monjas que les dejaron secuelas mentales para siempre.


lunes, 19 de octubre de 2015

Pinocho (cuento)






Geppetto era un anciano y humilde carpintero, al que de vez en cuando le gustaba fabricar muñecos de madera. Cuando terminó de dar los últimos retoques de pintura a Pinocho, se quedó mirándolo con el orgullo de quien se da cuenta de que está ante su obra maestra. Un hada en prácticas quiso aprovechar la ocasión para premiar su bondad, dándole vida a la marioneta para que se convirtiera en el hijo con que siempre había soñado. Cuando el artesano entro en el taller a la mañana siguiente y escuchó por primera vez la palabra papá de sus labios, creyó volverse loco de alegría. 

A continuación le entró una enorme preocupación porque a su recién estrenado hijo no le faltara de nada. Lo cogió de la mano y fue a hablar con el maestro de la escuela para matricularlo. Después a la librería, para comprarle el material escolar que le hacía falta. En la tienda de ropa le encargó todo lo necesario para que fuera impecablemente vestido. En la juguetería le dio unos cuantos caprichos que se le habían antojado. A un albañil le encargó la ampliación de su vivienda, para poder añadir un dormitorio. Como tenía que construir los muebles para el mismo, acudió a casa de unos clientes para rechazarles un pedido que acababan de hacerle. En el Ocaso se hizo un seguro de vida y el de fallecimiento, por lo que pudiera pasar considerando su edad y que su salud no era demasiado buena. Por último acudió a su banco habitual para contratar un plan de ahorro enfocado a los estudios universitarios de Pinocho, así como para hipotecar la carpintería con objeto de poder hacer frente a los pagos que se le estaban viniendo encima. Volviendo para casa vio que doña Berenguelita ya tenía lotería de Navidad y le compró dos décimos. 

Al cabo de unos meses los gastos se le empezaron a acumular, hasta que su situación económica se hizo insostenible. Por otro lado el chico tampoco era feliz. Sus compañeros de escuela se mofaban de su cuerpo de madera y no querían jugar con él. Con esa sensibilidad con que solo los niños saben tratar a quienes se sienten desvalidos, frecuentemente le acercaban un mechero diciéndole que iban a prenderle fuego para calentarse las manos. 

El hada en prácticas acudió a su tutora para exponerle la situación. Esta le dio ánimos diciéndole que lo importante era que había actuado con la mejor intención, si bien le había faltado la visión de futuro que solo se consigue con la experiencia. Aprovechando que el día anterior se había celebrado el sorteo de Navidad de la lotería y Geppetto todavía no le había echado un vistazo al periódico, falsificó la noticia en su ejemplar haciendo ver que le había correspondido el premio gordo. Cuando lo leyó se lo comentó alborozado a Pinocho. En el momento en que padre e hijo estaban abrazándose llenos de alegría, el hada veterana paralizó la escena. De esta forma quedaron inmortalizados para la posteridad en una preciosa talla de madera rebosante de felicidad. 


jueves, 15 de octubre de 2015

Los músicos de Bremen (cuento)






Un burro, que cargaba sacos sin descanso en un molino, se marchó de su casa cuando se dio cuenta de que el ingrato de su amo, al observar que había perdido facultades como consecuencia de su vejez, iba a pagarle su trabajo de tantos años sacrificándolo. Tomó la determinación de afincarse en Bremen para ganarse la vida como músico callejero. En el camino se encontró con un perro, al que iba a sucederle lo mismo porque ya no servía para cazar. Le invitó a unirse a él para hacer un dúo y aceptó encantado. Parecido ocurrió con un gato y con un gallo, por lo que decidieron formar un cuarteto. Como la ciudad estaba demasiado lejana para hacer el trayecto en una jornada, se les echó la noche encima y buscaron en el bosque algún lugar donde cobijarse. Enseguida vieron la luz de una casa y se acercaron a ella. Por la ventana observaron a una anciana que estaba sacando comida de una cesta para cenar. Desfallecidos como se encontraban, porque llevaban todo el día sin probar bocado, llamaron a la puerta. Cuando les abrió le cocearon, mordieron, arañaron y picaron, dejándola fuera medio muerta para quedarse de okupas. Un lobo que pasaba por allí se la comió. Su nieta lloraba desconsolada en el funeral, porque por culpa del luto le habían hecho teñir de negro su preciosa caperuza roja.


domingo, 11 de octubre de 2015

Cuento modelo






Agradeceré al lector puntilloso que no venga a decirme que él sabe de un cuento en el que es una niña la que tiene que vérselas con un lobo y que además no se casa con nadie por cuestión de edad. Yo también lo conozco. Apelo a su comprensión. Las conclusiones que saco a continuación sobre mi lectura de cuentos infantiles tradicionales, como generalidades que son, no se cumplen a rajatabla.



La historia tiene que haber sucedido hace muchísimos años y en un lejano país, por aquello de que nadie pueda sentirse señalado y resulte más sencillo darle credibilidad a la cosa. Si el protagonista no es un frágil animal ha de ser un niño, porque los destinatarios son personas de corta edad que deben sentirse identificadas con él. Pongámonos en este segundo caso.

Si el chico es varón, conviene que sea el pequeño de siete hermanos. El padre a poder ser labrador e inevitablemente más pobre que las ratas. Por supuesto el lugar donde habitan es una choza inmunda, ubicada en medio de un bosque donde vive un lobo malísimo o un gigantesco ogro todavía peor, al que le ha dado por la antropofagia infantil. En la primera de las situaciones el chaval cuenta con la ayuda de bondadosas personas adultas para poder deshacerse del animal y salvar la vida. Cuando se trata de un ogro resuelve la papeleta por su cuenta. Como es más listo que Ramón y Cajal juntos, no solo logra evitar caer en sus manos, sino que además se lo cepilla y le levanta toda la pasta, que es tanta que le permite vivir a él y su familia para los restos sin dar un palo al agua. Todo ello contando con el beneplácito de la guardia civil de la época y del lugar, la cual tiene que hacer la vista gorda al crimen para que no se nos fastidie la gracia del cuento.

Como el machismo campa por sus respetos, si la protagonista es chica las cosas cambian radicalmente. Para empezar nos hemos cargado a su madre, con objeto de que el calzonazos de su padre haya podido casarse con una mala pécora que solo quiere a sus hijas naturales, que son tan malas y envidiosas como ella y mucho más feas que nuestra heroína. A la muchacha no hace falta que le adorne la inteligencia, porque (para qué vamos a engañarnos) lo importante es emparejarla bien. Quizá tengamos que dejarla durmiendo unos días o hasta cien años, pero merece la pena la espera porque al final la matrimoniamos nada menos que con un príncipe. ¿Se puede pedir más?

Con algunos matices, por ahí tienen que andar los tiros de la narración. Es condición indispensable que termine bien, por lo que hay que concluir diciendo que vivieron felices, comieron perdices y a mí no me dieron porque no quisieron.

Y con estas enriquecedoras lecturas fuimos cultivando nuestras mentes infantiles. Luego dicen que pasan cosas.