Cita del día



CITA DEL DÍA: “Trabajo pesado es por lo general la acumulación de tareas livianas que no se hicieron a tiempo” (Henry Cooke).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: Verbos, adjetivos, hombres y niños


jueves, 29 de marzo de 2012

Pedro Ocón de Oro




La historia del pasatiempo hispano sería incomprensible sin considerar la figura de don Pedro Ocón de Oro, tanto por su aportación como inventor (sopa de letras, oconograma, crucigrama en blanco, etc.) como por su colaboración en diversas publicaciones propias y ajenas. Desde que a los 16 años (1947) ganara las 50 pesetas de premio al  mejor crucigrama del mes enviado por los lectores al periódico Madrid, hasta su prematuro fallecimiento en 1999, convirtió en arte el oficio de entretener, cumpliendo con el  precepto de “deleitar aprovechando” que preconizaba Horacio. La actividad de la firma no quedó interrumpida, porque sus hijas tomaron el  testigo.

En una de esas ocasiones en las que en  mis tiempos de estudiante me dio por ponerme al otro lado del pasatiempo (el que magistralmente ocupaba don Pedro), se me ocurrió escribir a alguna publicación para ver si podía interesarles mi colaboración. El  único que se dignó contestarme fue él. Me invitó a enviarle alguna muestra y posteriormente, en una de sus visitas a Zaragoza para firmar ejemplares de alguno de sus libros en El Corte Inglés, a mantener una entrevista.

Nos conocimos en el Hotel Goya, donde se hospedaba. Me dijo que no le interesaban  las colaboraciones de crucigramas, puesto que tenía un equipo dedicado a su creación. Pretendía destacar en otros pasatiempos, como el jeroglífico, en los que la imaginación adquiere un mayor protagonismo. Le manifesté que si me consideraba absolutamente inútil para resolverlos, con mucho más motivo lo sería para crearlos. Me animó a familiarizarme con ellos,  especialmente a través de su revista Pasatiempos ORO, y de esta forma empecé a colaborar con él.

La ventaja que enseguida advertí en los jeroglíficos, con respecto a otros pasatiempos, fue que podían crearse en cualquier sitio. No necesitaba estar sentado con papel  y lápiz, sino que bastaba con ir por la calle pensando en signos y objetos hasta que de repente se me hacía la luz y tomaba un simple apunte. Cuando tenía veinte o veinticinco los pasaba a limpio y los mandaba por correo, quedando a la espera del veredicto de don Pedro. No tardaba en contestar, devolviéndome los no seleccionados con explicaciones que me ilustraban sobre los motivos que le habían llevado a rechazarlos. En algunas ocasiones era porque ya estaban creados con anterioridad (nunca se me ocurrió preguntarle cómo podía llevar semejante control), en otras porque incumplían alguna norma que yo entonces desconocía (así fui aprendiendo) y en otras simplemente porque no le gustaban. Venía a quedarse con una quinta parte,  lo que para mí resultaba un éxito.

La satisfacción de ver publicado algo que yo hacía por entretenerme hubiera sido compensación suficiente, pero desde el principio dejó muy claro que me retribuiría el esfuerzo. Creo recordar que los jeroglíficos cotizaban a 250 pesetas y otros pasatiempos que requerían  mayor elaboración a más. Su forma de pagarme era tan  puntual  como  curiosa. En  el  mismo  sobre en  el que me devolvía los ejemplares no  seleccionados, me enviaba el dinero por  los que había elegido. Jamás hubo  un problema con Correos.

Así estuvimos durante algún tiempo, carteándonos cuando le hacía un envío y viéndonos las dos o tres veces más que volvió por Zaragoza a firmar ejemplares de algún libro. Más de cien pasatiempos creados por mí (sobre todo jeroglíficos, pero también oconogramas y algún damero) fueron publicados, especialmente en la revista Pasatiempos ORO. Recuerdo con especial orgullo un jeroglífico que apareció en la portada de uno de sus números.

Cuando empecé a trabajar fui distanciando las colaboraciones, hasta que terminé por dejarlas totalmente. En junio de 1999 lamenté profundamente la noticia de su fallecimiento. A la admiración por el genio se había unido el merecido afecto por la persona.

lunes, 26 de marzo de 2012

Diccionario en clave de humor (2)





Reinvención personal, en clave de humor, del significado de las palabras.


AJENO. Dícese de lo que tiene que entrar en la redistribución de la riqueza. Lo que está excluido, se denomina propio.
ALACENA. Armario hecho en la pared, donde se guardan las viandas destinadas a las comidas nocturnas.
ALBAÑIL. Trabajador de la construcción de noble cuna.
ALEGATO. Escrito en el que expone el abogado los fundamentos del derecho de su minino.
ALENTAR. Animar pausadamente.
ALFABÉTICO. Perteneciente o relativo al  alfabeto andaluz.
ALFILETERO. Estuche cilíndrico en que se guardan determinadas piezas del ajedrez.
ALINDAR. Poner hermosos límites a una heredad.
ALITERACIÓN. Figura de dicción que hace su aparición cuando en  la  redacción no  se pierde ocasión de hacer repetición en la utilización de fonemas un montón de veces.
ALPINISTA. Persona aficionada a subir a los pinos.
ANÉMICO. Mono  de sangre pobre.
ANGOSTO. Octavo mes del anño.
ANGULA. Apetito  desordenado de comer crías de anguila.
ANILLO. Orificio  por el  que se expelen los excrementillos.
ANIMALES. Infundeles válor o vígor.
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viernes, 23 de marzo de 2012

Mi padrino




Escrito el pasado lunes, 19 de marzo.



Era el único de mis tíos a cuyo parentesco no le añadía el nombre para identificarlo. “Tío”, a secas, era él solo. Los demás, con sus respectivos nombres.

Hoy, día de San José, quiero tener un recuerdo para mi padrino. Era el día de su santo; de nuestro santo. El nombre fue lo primero que heredé de él. Quienes le conocieron dicen que también otras muchas cosas, empezando por las manos. Y su manera de ser, reposada; sin demasiados afanes de protagonismo. Hasta su condición de solterón recalcitrante.

Lo que no supe aprender fue su forma de ejercer el padrinazgo. Siempre presente. Dejando constancia continuamente de que yo no era un sobrino más. Haciéndome sentir especial, no solo en los regalos sino en la dedicación y el trato recibidos. Acordándose de mí incluso en el testamento. Como si en sus afectos ocupara el sitio del hijo que nunca tuvo.

Espero que, allá donde esté, sepa disculpar este relativo atraco a nuestra intimidad familiar. Simplemente, en el día de nuestro santo, he sentido el deseo de decir en voz alta que tuve un PADRINO con mayúsculas.

martes, 20 de marzo de 2012

Citas (31 a 40)







31. “Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te quejas? Si no lo tiene, ¿por qué te quejas?” (Proverbio oriental).


32. "La salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida" (Bernard de Fontenelle).


33. "Sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento" (W. Somerset Maugham).


34. "Amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado y en la adversidad sin serlo" (Demetrio de Falera).


35. "El mal genio es lo que nos mete en líos. El orgullo es lo que nos mantiene en ellos" (Neil Simón).


36. "Si buscas una mano que te ayude, la encontrarás al final de tu brazo".


37. "La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad" (Sir Francis Bacon).


38. "Es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos" (Alfred Adler).


39. “No estimes el dinero ni más ni menos que lo que vale: es un buen servidor y un pésimo amo” (Alexandre Dumas, hijo).


40. “El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen” (Rabindranath Tagore).


Citas (21 a 30)                                        Página principal                                       Citas (41 a 50)

sábado, 17 de marzo de 2012

Quien presta dinero a un amigo...




Aunque las generalizaciones sean injustas, el sabio refranero viene a decir que “Quien presta dinero a un amigo, pierde el dinero y pierde el amigo”. Algo sabrá.


El trastorno que le va a ocasionar no poder disponer de ese dinero en este momento, es desproporcionado en relación con la cantidad que necesita. Dentro de tres meses lo tendrá de sobra, pero entonces ya será demasiado tarde. Su banco de toda la vida le ha dejado tirado. Trata de disimular, pero se le ve desquiciado. Te has dado cuenta de que en poco tiempo su aspecto ha desmejorado. Va adquiriendo consistencia la idea que hace unos días te pasó fugazmente por la cabeza. No lo consideras tu mejor amigo, pero os tenéis verdadero aprecio y te ofrece absoluta confianza. Piensas que él haría lo mismo por ti y te recriminas no haber dado el paso antes.
Al principio se niega en redondo. Hasta parece preocuparle que hayas podido llegar a pensar que te ha contado su problema para que le dejaras tú el dinero. Le explicas que para ti no va a suponer un trastorno. Al final, terminas convenciéndole. Se ofrece a pagarte unos elevados intereses, pero se disculpa al darse cuenta de que te ha ofendido. Recalca que la deuda la solventará en tres meses, pero que el favor lo recordará toda la vida. Tú le quitas importancia, diciéndole que “hoy por ti mañana por mí”.
No te habías dado cuenta de que habían pasado tres días sobre el que habíais pactado para el pago, pero te alegras de que te llame. No te supone un problema el retraso, pero las formas son las formas. Aceptas sus explicaciones, quitándole importancia al hecho de que se vaya a demorar un mes. Lo que ya no te gusta tanto es que a la media hora vuelva a llamarte, para preguntarte si puedes dejarle un poco más de dinero con el que seguir tirando hasta que cobre. Te fastidia que vaya familiarizándose con la situación, pero aceptas. 


Esta vez sí que estás pendiente de la fecha. Cuando llega te obligas a darle un margen de una semana, pero en cuanto ha transcurrido te pones en contacto con él. Se deshace en disculpas. Casualmente, acaban de llamarle hace unos minutos. Tendrás que esperar otro mes. Dos en el peor de los casos, porque para esas fechas ya dispondrá de otro dinero y podría liquidarte aunque siguiera sin cobrar. Te pones serio y le dices que hasta entonces puedes esperar, pero no más. Intuyes que se queda con las ganas de volver a pedirte dinero, pero que no se ha atrevido al ver tu cambio de actitud.
Han transcurrido los dos meses y cuatro más. Estos últimos los añadió llorándote por un asunto familiar grave, del que ya tenías noticia. Aunque no veías la relación entre el suceso y el incumplimiento, preferiste no correr el riesgo de pecar de insensible. Alguien te dijo hace unos días que se lo había encontrado. Su aspecto no tenía nada de afligido, acababa de volver de unas buenas vacaciones e incluso había cambiado de coche. Desde entonces estás tratando de hablar con él, pero no te coge el teléfono hasta que decides llamarle desde un número que no relacione contigo. Al ver que ya no va a seguir colando el cuento de la lástima, se pone chulo. Ni a ti ni a nadie va a consentir que le diga dónde tiene que irse de vacaciones, ni cuándo tiene que cambiarse el coche. La conversación sube de tono. Termina diciéndote que no te pongas tonto, porque ni siquiera tomaste la  precaución de hacerle firmar un documento reconociendo el dinero que le dejaste.
Dentro de tres días es el juicio. Tu abogado te ha dicho que te olvides de una deuda que no aparece reflejada  en  ningún  sitio. Su defensa va a centrarse exclusivamente en tratar de que tengas que pagarle la menor indemnización posible por haberle partido la cara.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Diccionario en clave de humor (1)





Reinvención personal, en clave de humor, del significado de las palabras.

ABOBADO. Persona que ejerce la carrera de leyes sin demasiado entendimiento y capacidad.
ABUNDANTE.  Prolífico escritor del renacimiento italiano.
ACASO. Posible puesta del sol al trasponer el horizonte.
ACATAR. Probar sumisamente el  sabor de alguna cosa.
ACECINAR. Matar alevozamente a una perzona.
ACHACOSO. Dícese del que se siente indispuesto en las plazas de toros.
ACLIMATAR. Cargarse a un ser orgánico intentando que se acostumbre a un clima que no es el suyo.
ACUCHILLAR. Matar a gritos.
ACUÑADOR. Encargado de formalizar el  parentesco con los hermanos del cónyuge y con los cónyuges de los hermanos.
ADEMÁN. Cada uno de los movimientos que hacen con el cuerpo los germanos.
ADICTO. Dominado por la  expedición de leyes, fallos o preceptos.
AGLOMERAR. Juntar o amontonar determinados peces marinos acantopterigios.
AGUACERO. Ausencia de lluvia.
AGUJERO. Orificio hecho con una aguja.
AHOGAR. Quitar la vida a una persona, impidiéndole salir de casa.


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domingo, 11 de marzo de 2012

La maldición del dinero




"La riqueza de un hombre no se mide por las cosas que posee, sino por aquéllas que no cambiaría por dinero" (Anónimo).


Todo sucedió muy rápidamente. Llevaba unas cuantas copas. Seguramente se quedó dormido. Cuando quiso darse cuenta, el accidente era inevitable. Le ocurrió como siempre había oído que pasa en estas situaciones, en las que corre peligro la vida. Antes de que llegara lo que tuviera que venir, sobrevinieron con absoluta nitidez a su mente los momentos más importantes de su existencia. De una existencia que podría escribirse en tres capítulos. El primero hasta que conoció a Carmen, la mujer de su vida. El segundo su noviazgo, su matrimonio, la llegada del hijo… hasta que aconteció aquello, gozoso en principio. El tercero, los últimos cuatro años.
Se conocieron cuando tenían quince y desde el primer momento se hicieron inseparables. Mucho más madura que él, Carmen resultó ser un perfecto complemento a su cabeza un tanto alocada. Tras unos años de noviazgo, en cuanto vieron que estaba seguro en el trabajo, buscaron un piso y se casaron. Pronto llegó el niño, para poner la guinda a su felicidad. Cuatro lustros después podía seguir diciendo que se consideraba un ser privilegiado, a pesar de las estrecheces económicas propias de una familia humilde. Estaba compartiendo su vida con la mujer que quería y tenían un hijo modélico que, en la sensatez, había salido a su madre. Decididos a hacer el esfuerzo de apoyarle en el estudio de una carrera, el chaval estaba respondiendo. Sacaba sin problemas las asignaturas y daba clases particulares para pagarse sus gastos.

Siempre que le había dado por soñar despierto, veía a los niños de San Ildefonso cantando el número de una de sus participaciones navideñas. Un buen pellizco para pegarle un meneo a la hipoteca, asegurarse los estudios del hijo, hacer por fin los cuatro arreglos que necesitaba la casa y darle la merecida jubilación al coche. La realidad resultó algo más sosa, pero mucho más contundente. Alguien le comentó el rumor de que el bote de la lotería primitiva había caído en el barrio, pero que todavía no se había identificado al supuesto afortunado. Como llevaba el resguardo en el bolsillo, se acercó a la administración. Cuando vio la cara de la empleada, no necesitó la confirmación de que nunca más iba a tener que preocuparse por el dinero.




El primero de sus seres más queridos con quien tuvo problemas fue Antonio, su mejor amigo de siempre. Con apuros económicos, su cuenta corriente había sido el primer destino de una buena cantidad de euros. “Mientras yo tenga dinero tú no vas a tener dificultades de este tipo”, le había dicho antes de que se fundieran en un emotivo abrazo. El caso es que se lo tomó al pie de la letra y en menos de un año, sin haber hecho aparentes esfuerzos para resolver su situación, le había requerido  tres veces más para lo mismo. En la última de ellas le llamó la atención, se sintió ofendido y terminaron riñendo seriamente.
La primera discusión fuerte que tuvo con Carmen fue cuando le planteó al hijo que dejara los estudios, para ayudarle a administrar el dinero. La madurez del chico no llegó a tanto como para escuchar a su madre. Al poco tiempo se le ocurrió a él solo que, pudiendo pagar a un profesional que lo llevara, no tenían necesidad de preocuparse ellos por eso. Lo de las drogas vino un poco más adelante.

Antes del enfrentamiento por el futuro del hijo, ya había tenido otros de menos importancia con su mujer. Lo que más le enfadaba, tenía que reconocerlo, era que el tiempo siempre terminaba por darle la razón a ella. ¿Para qué iban a irse tres meses al Caribe, si antes de las dos semanas estarían añorando su casa? ¿Para qué quería gastar 100.000 euros en un coche, si nunca le había gustado conducir? En lo de la casa sí que se había puesto tozuda y acabó saliéndose con la suya. ¿A santo de qué iban a comprar un chalé en una urbanización de lujo, para vivir con gente que no tenía nada que ver con ellos? No escatimaron en las obras para remozar su casa, pero siguieron viviendo en su barrio de toda la vida.




Nunca pensó que lo de Vanesa fuera a pasar de una simple aventura con una chavala espectacular, pero que podía ser su hija. Además de la juventud que había perdido Carmen, encontró en ella la comprensión que últimamente no conseguía de su mujer. Jamás discutían. A pesar de la diferencia de edad, parecían hechos el uno para el otro. Su fallo fue que no supo ser discreto y recibió el correspondiente ultimátum de su consorte. Antes de dos meses estaba viviendo con la joven en la urbanización a la que tiempo atrás le había echado el ojo.
Resultaba evidente que era un nuevo rico, pero en el barrio no se lo habían llamado nunca. Lo de cornudo tampoco. Claro que antes hubiera puesto la mano en el fuego porque no lo era, pero con su flamante mujer actual no se hubiese atrevido a apostar tan fuerte. Más de una vez se había hecho el loco ante lo que para una persona objetiva hubieran resultado pruebas irrefutables. Lo que ni siquiera él podía negar era que Vanesa, desde que había logrado su objetivo, no se parecía en nada a la chica que había conocido.

Todos sus problemas pasaron a un segundo plano cuando le llamaron del hospital. Su hijo había sido ingresado por una sobredosis. Casi no había dormido aquella noche y llevaba unas cuantas copas, pero no se le pasó otra cosa por la cabeza que coger el coche para ir a informarse in situ de la gravedad en que se encontraba. De esa forma llegó el accidente. Fue entonces cuando sobrevinieron con absoluta nitidez a su mente los momentos más importantes de su existencia. Aún pudo tener un pensamiento de solicitud de perdón a Carmen y al hijo, antes de que 100.000 euros de chatarra terminaran con su vida.

jueves, 8 de marzo de 2012

Citas (21 a 30)







21. "Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" (Rabindranath Tagore).


22. "Quienes opinan que el dinero todo lo puede, sin duda están dispuestos a todo por dinero" (E. Pierre Beauchene).



23. "Un hombre es como una fracción cuyo numerador corresponde a lo que él es, en tanto que el denominador es lo que cree ser" (Lev Tolstoi).



24. "La talla de las estatuas disminuye alejándose de ellas; la de los hombres, aproximándose" (Alphonse Karr).


25. “La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son” (Winston Churchill).


26. “La más peligrosa de todas las debilidades es el temor a parecer débil” (Jacques Benigne Bossuet).


27. “Hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable” (Francesc Cambó).


28. “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla” (Sigmund Freud).


29. "Se aferran a su parecer, no por verdadero sino por suyo" (San Agustín).


30. “Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga” (Denis Diderot).


Citas (11 a 20)                                        Página principal                                       Citas (31 a 40)

lunes, 5 de marzo de 2012

Fantasmones por doquier





La gente es mucho más comprensiva con las carencias del prójimo cuando éste no va de nada por la vida. Cuando las reconoce, incluso se ríe de ellas. Es la mejor manera de no ser objeto del choteo de los demás. Yo, por ejemplo, carezco del sentido de la orientación. No es que me oriente mal, es que si hay un trozo del cerebro que controla eso debo tenerlo seco. Me viene justo para llegar a casa todos los días. Los que van habitualmente conmigo ya lo saben (a los que no me conocen se lo digo) y asumen con naturalidad que tienen que ser ellos los que conduzcan los pasos. Sin embargo, tengo un amigo que se orienta casi tan mal como yo y no quiere aceptarlo. Evidentemente, todos están esperando que meta la pata para montar el cachondeo.

Además de ser muy despistado, no tengo sensibilidad para la pintura. Quizá es que no me haya educado el gusto, no lo sé. El caso es que el hecho de reconocerlo me sirvió para no hacer el ridículo más espantoso hace unos cuantos años. Estaba en casa de un amigo, cuya madre era aficionada. Acababa de comprar una acuarela y me pidió mi opinión sobre la misma. Le manifesté que era absolutamente profano en la materia, pero insistió tanto que me creí en la obligación de acercarme al cuadro y decirle que me gustaba. Creo que se cortó ella más que yo cuando tuvo que decirme: “Chema, la acuarela está en la otra pared. Eso es un óleo”.

Todavía mucho más absurdas que las personas incapaces de asumir sus limitaciones, son aquéllas que presumen de cualidades o conocimientos que no poseen. Reconozco que disfruto más que un cerdo en un lodazal cuando las veo columpiarse. Siguiendo con el tema de la pintura, recuerdo un vídeo que recibí por correo electrónico hace unas semanas. La intervención de la mayoría de los intelectuales entrevistados no tiene desperdicio.



La cultura del vino da también mucho juego. Es un placer que me pierdo, ya que veo cómo disfrutan bebiéndolo quienes de alguna manera lo matizan; pero no soporto a los que alardean de sus conocimientos, porque generalmente suelen ser los que menos entienden. Los que se han aprendido de memoria unos calificativos que les parecen finos (afrutado, carnoso, tierno, elegante, decrépito, etc.) y los sueltan sin ton ni son. Los que ponen los ojos en blanco con un Don Simón servido en una botella de Vega-Sicilia.

Y es que hay mucho fantasma suelto. Qué le vamos a hacer.

viernes, 2 de marzo de 2012

ILEANA





En muchas ocasiones, aunque las distancias sean largas, prescinde del autobús. Prefiere desplazarse caminando a buen paso. Corriendo. No es solo porque cualquier ahorro es bueno para la complicada economía familiar, sino sobre todo porque el autobús le produce claustrofobia. Le permite pensar demasiado. Más de la cuenta. Plantearse situaciones que no termina de comprender. ¿Por qué el premio a la mejor jugadora del club de ajedrez se lo dan a otra chica, cuando su hija es la que mejor ha quedado en todos los torneos? Alguien le ha insinuado que quizá sea por ser rumana, rumana en España, pero ella no ha querido hacerle caso. No puede pensar así de las gentes de un país en el que se considera bien acogida. En el que lleva ya cuatro años. En el que le gustaría quedarse a vivir para siempre.
A una edad en la que las mujeres de por aquí empiezan a caer en la cuenta de que han dejado de ser niñas, ella ya era madre. Cuatro años después llegó la pequeña. Otros tantos más tarde vinieron las tres a reencontrarse en España con el hombre, que se había adelantado a buscar la vida para los suyos. “La familia tiene que estar junta”. Su trabajo, limpiando casas y oficinas, fue al principio un buen complemento al jornal del marido. Un dinero  imprescindible actualmente, porque con la crisis es el único ingreso fijo con que se cuenta en casa. 

Llega puntual al trabajo, con el  precalentamiento hecho. Las escaleras de dos en dos. La sonrisa de siempre. No habla de sus problemas, si no le preguntas. Los hay mucho más graves. Sin dejar de trabajar un instante, te cuenta noticias de personas que sufren en el mundo. De gentes necesitadas a las que le gustaría poder ayudar. Pero se tiene que conformar con fijarse en los que tiene alrededor. Siempre dispuesta a echar una mano. Generosa para dar, sin esperar nada a cambio. Agradecida para recibir, como si  no tuviera derecho a ser de vez en cuando correspondida.
Una sonrisa y hasta el día siguiente. Sale disparada hacia el próximo destino. Tiene que aprovechar la mañana, porque el resto del día debe desempeñar otros papeles. El de cabeza de familia porque el marido, siempre entre rumanos, no termina de hacerse entender en español. El de madre motivadora porque la hija mayor, demasiado tímida, no acaba de adaptarse. El de madre severa porque la pequeña, todo lo contrario, se pasa de adaptación. El de administradora, para hacer encaje de bolillos con unos mermados ingresos. El de psicóloga, para levantar el ánimo de un padre de familia sin trabajo. El de buena gente, para ayudar a quien lo necesite.

Esa es ILEANA. No creo  haber hecho méritos para merecerlo, pero es un orgullo para mí que me cuente entre sus amigos.